Saturday, 26 September 2020

PARA PARAR AL DÉSPOTA LAS INSTITUCIONES TIENEN QUE FUNCIONAR

La última encuesta efectuada por la Universidad Francisco Gavidia muestra como gran ganador del pleito electoral de febrero de 2021 al partido Nuevas Ideas con 49% de las sillas de la Asamblea Legislativa lo que deja en evidencia dos cosas:

1. Que Nueva Ideas no goza de 97% de las preferencias electorales conforme Nayib Bukele le ha hecho creer a sus seguidores.

2. Que los partidos otrora hegemónicos se encuentran en total desventaja delante del supuesto partido del presidente de la República, y digo supuesto porque Bukele está inscrito en GANA, no en Nuevas Ideas.

De cualquer manera, aunque se pudiera cuestionar la validez de la encuesta ya que la misma no tiene una muestra departamental (ni mucho menos municipal) suficientemente representativa, lo que le adiciona un margen de error mucho más alto de lo que la Gavidia reporta, está claro que en este momento el gran ganador del próximo pleito electoral es Nayib Bukele, Nuevas Ideas y GANA.

Si las elecciones fueran hoy eso implicaría que Nuevas Ideas y su aliado de GANA pasarían a tener la llave para nombrar al presidente de la Asamblea, quien determina la agenda de las sesiones plenarias; también tendrían la llave entre otras atribuciones conforme el artículo 131 de la Constitución de la República para "elegir por votación nominal y pública a los siguientes funcionarios: presidente y magistrados de la corte suprema de justicia, presidente y magistrados del tribunal supremo electoral, presidente y magistrados de la corte de cuentas de la republica, fiscal general de la republica, procurador general de la republica, procurador para la defensa de los derechos humanos y miembros del consejo nacional de la judicatura", en pocas palabras, tener mayoría en la Asamblea Legislativa le permitiría en la práctica pasar a tener control de los tres poderes, de la Fiscalía y de la Corte de Cuentas, lo que considerando el historial hasta ahora presentado por el presidente Bukele, le daría un poder casi absoluto sobre las instituciones del Estado Salvadoreño poniendo en entredicho los pesos y contrapesos tan necesarios en una democracia.

El 9 de febrero de 2020 (9F) marcó un antes y un después en la administración de Bukele, quien declaró públicamente que había llegado al recinto para cerrar la Asamblea y sacar, en sus propias palabras, "a esos sin verguenzas" que no le querían aprobar un préstamo para financiar las fases del plan territorial. Acto seguido a su discurso ante sus seguidores, Bukele usurpó la silla de la presidencia de la Asamblea y dió inicio a la sesión extra-ordinaria cosa que por el reglamento interno de la Asamblea corresponde única y exclusivamente al presidente de la casa o al que, por reglamento de ley, lo esté substituyendo en su ausencia. Como si todo eso fuera poco, se hizo acompañar por la PNC y la Fuerza Armada y en particular por el ministro de Defensa, violando de esa manera el espíritu de los acuerdos de paz asignándole atribuciones a la Fuerza Armada que por ley no le corresponden, violando así más una ley. 

Sin embargo, y con todo el escándalo que dicho acto pudo provocar nacional e internacionalmente, ni los diputados ni la Fiscalía(que negó rotundamente que se haya violado cualquier ley, que apenas hubo exageraciones por parte del presidente) ni la Corte Suprema de Justicia, fueron capaces, o tuvieron las hagallas de llamar con todas las letras lo que aquel evento había sido: un intento de golpe de Estado a uno de los tres poderes que constituyen el Estado de Derecho Salvadoreño. Con miedo de la ira popular y de las consecuencias electorales que eso podría tener para sus partidos, nadie se quiso echar ese trompo a la uña, dejando así en la impunidad una clara violación al Estado de Derecho de nuestra frágil democracia.

Seis meses después, los eventos del 9F vuelven a tomar momentum y al parecer al ver su status quo amenazado, los diputados finalmente resuelven hacer algo al respecto y deciden interpelar a varios funcionarios del gobierno Bukele, pero incomprensiblemente dejan intocado al mayor infractor del fatídico 9F: al Presidente de la República Nayib Armando Bukele Ortez.

Después de los sucesos del 9F, la pandemia toma los titulares de los periódicos a lo que se sigue la solicitación por parte del presidente de multimillonarios préstamos, los cuáles no sólo le fueron concedidos en su mayoría, como también el presidente se resiste a transparentar la manera como ha gastado ese dinero. Más allá de la transparencia, las denuncias ante el Tribunal de Ética Gubernamental no se hicieron esperar, y estas van desde contratos concedidos a familiares de funcionarios del gabinete de gobierno como compras a empresas que nada tienen a ver con el rubro en el cuál se encuentran registradas; compras sobre facturadas o simplemente la negativa por parte del gobierno de transparentar los gastos efectuados a raíz de la pandemia.

Las irregularidades continuan y a estas se sumanclaras violaciones a los derechos humanos en nombre de la pandemia; desacatos a los fallos de la Sala de la Constitucional; persecución a la prensa que denuncia las irregularidades de ese gobierno o que simplemente no sigue la línea editorial que al gobierno le gustaría; pero como si eso fuero poco, ahora el gobierno se resiste a abrir los archivos de la Fuerza Armada que podrían eventualmente ayudar a elucidar los genocidios cometidos por la organización castrense durante la guerra civil, usando para tal fin los más absurdos argumentos, como por ejemplo "yo ya revisé y no hay archivos del crimen del Mozote", o "quieren revisar los archivos secretos de la Fuerza Armada", justificativas dadas por el presidente de la República, como comandante en jefe de la Fuerza Armada.

La batalla electoral está practicamente definida en este momento, los partidos hegemónicos están con un pie adentro y otro afuera tanto de la Asamblea como de las Alcaldías, por lo tanto electoralmente, aunque aún hay mucho por hacer ya que oficialmente la campaña aún no empieza, tanto el FMLN como ARENA la tiene cuesta arriba. Cuál es la única alternativa? Lanzar mano de la ley vigente y llevar ante los tribunales a Bukele y a su gabinete por todas las irregularidades que se vienen cometiendo casi que diariamente. La impunidad, que ha sido la marca de las instituciones estatales en El Salvador, ahora les pasa factura a los partidos hegemónicos, y si no ponen a las instituciones a funcionar, no sólo perderán su parcela de poder como también Bukele continuará haciendo de las suyas en el país hasta llevarlo a una dictadura, no fruto de un golpe de Estado (que casi fue el 9F) sino fruto de un líder totalitario que no tolera ningún tipo de oposición, sea en la política, economía, academia o prensa, etc. 

Quiero dejar claro que no confío en ninguno de los partidos actualmente represenados en la Asamblea, pero igualmente considero que el rumbo que el país está tomando con Bukele en el poder es extremamente peligroso. Es necesario y urgente que la instituciones comiencen a funcionar y que le pongan un basta a ese líder autoritario, mentiroso y corrupto que quiere controlar los tres poderes para poder saquear el Estado Salvadoreño como lo viene haciendo desde que asumió las riendas del Ejecutivo el 1 de Junio de 2019.

Hoy por hoy las pérdidas electorales ya son grandes pero las pérdidas, los defalcos que Bukele le está haciendo al país aún se pueden parar, si y solamente si las instituciones funcionan. Parando al déspota el siguiente paso debería ser reformar la ley primaria, no para darle más poder al aprendiz de dictador, sino que para evitar que esos abusos puedan continuar sucediendo en las próximas administraciones. Fortalecer las instituciones, hacer con que la contraloría pública funcione, darle dientes al poder Judicial para que pueda parar los abusos presidenciales en esta y las próximas administraciones, juzgar a los diputados infractores de la ley, como el diputado Magaña que en estado de embriaguez provocó la muerte de su acompañante en un accidente de tránsito; juzgar los crímenes de guerra y los actos de corrupción cometidos igualmente en las administraciones anteriores del FMLN y ARENA.

El daño está hecho y a los partidos tradicionales, aunque les falte autoridad moral para hacerlo, les toca en este momento parar la impunidad, detener al déspota y no permitir que la impunidad, los desacatos a la ley y la persecución política por parte del inquilino de casa presidencial continuen. Hay elementos de juicio suficientes para que Bukele pueda ser juzgado no sólo por los eventos del 9F como por toda la corrupción, mentiras, abusos, desacatos y  persecución política que han sido la marca de los 15 meses de gobierno de Nayib Bukele Ortez.

De no hacerlo no habrá más vuelta, el daño será irreparable y nuestra frágil democracia sufrirá el golpe más grande desde la firma de los acuerdos de paz de 1992 que pusieron un fin a la fatricida guerra civil salvadoreña.

Monday, 7 September 2020

BUKELE ENTRE LA ESPADA Y LA PARED



 Al asumir la presidencia 15 meses atrás Nayib Bukele lanza con bombo y platillo el plan control territorial con sus diversas fases que en teoría llevarían al país a niveles de seguridad inimaginables en las administraciones anteriores, apenas comparables con los resultados obtenidos en la administración de Mauricio Funes através de la así llamada tregua entre las pandillas, sobre la cual el gobierno se presentaba como un facilitador y no como negociador de un pacto con las pandillas. Pero la historia mostró lo contrario y cuando el Faro hizo la denuncia de la existencia de una tregua, aunque Mauricio insistiera en su versión de ser apenas un facilitador, poco tiempo fue necesario para que saliera a la luz lo que realmente sucedía detrás de las cortinas y como el gobierno le había dado privilegios a los líderes pandilleros en las prisiones para poder así disminuir el número de asesinatos que ponían al país en los primeros lugares de violencia en el mundo(1). 

Ahora el milagro se repite y, como Funes, Nayib Bukele intenta convencer al país que su plan territorial estaba dando resultados impresionantes sin que dijera el nombre del santo, apenas nos hablaba del milagro. Pero en política los milagros no existen y tarde o temprano las cosas salen a la luz. Cualquier persona que conozca un poco del modus operandi de las pandillas sabe perfectamente que esas organizaciones son territoriales y que las muertes son el medio que ellas usan para proteger su territorio o defender sus intereses (las extorsiones por ejemplo). Por lo cuál aquí no hay magia, las manos duras y super duras apenas recrudecieron las violencia en las administraciones areneras y de igual forma en los gobiernos del FMLN la militarización de la seguridad pública que en poco o nada se diferenciaba de las manos duras areneras tampoco dió los resultados deseados por la simple razón que una organización violenta sólo conoce una manera de reaccionar ante la violencia, con más violencia.

Esto lo dijimos desde que el número de crímenes comenzó a bajar y estaba claro que había un acuerdo entre las pandillas y Bukele, lo que el Faro y su periodismo investigativo nos ayudó a entender mejor.

Pero qué implicaciones tiene este descubrimiento en la gobernabilidad por un lado, y en la reputación de Bukele por el otro lado? En la gobernabilidad tiene implicaciones inicialmente a nivel interno y externo. Interno, porque el mismo que condenó al FMLN en particular llamándoles de "mil veces malditos" por los acuerdos que hicieron con las pandillas cuando estaban en el poder, ahora resulta que también ha pactado con la MS-13 lo que pone en entredicho su estrategia electoral para 2021 y su honestidad como gobernante. Externamente su reputación delante de la comunidad internacional, que ya estaba maculada por sus desplantes autoritarios, en particular el del nueve de febrero, cae más aún. Las acusaciones de Bukele contra el Faro, de que está mintiendo y que sus denuncias no se sostienen  chocaron contra el muro de la prensa internacional, desde el Washington Post, Al-Jazeera, Deutsche Welle, El País, entre otros, dan fé al Faro que la investigación es seria y que goza de credibilidad de los medios de comunicación con más reputación en el mundo, credibilidad de la cual Bukele definitivamente no goza más.

Sin embargo, aún con toda la avalancha de denuncias - sólo en el Tribunal de Ética Gubernamental hay 125 - la popularidad de Bukele continua en alta, veremos qué pasa en la próxima encuesta de opinión, una antes de que oficialmente comience la campaña electoral.

Pero hablemos del fiscal general que la tiene color de hormiga. Si no investiga el caso de Bukele como está investigando lo de la tregua de Funes, como quedaría su credibilidad que ya anda bastante dañada? Y si lo hace, como quedaría la situación del gobierno Bukele, el que llamó de mil veces malditos a los que negociaron con las pandillas antes?

En lo que dice respecto a las cuentas públicas la situación fiscal del país apenas tiende a empeorar a cada día que pasa, fomilenio está en riesgo y la eventual llegada de Joe Biden a la Casa Blanca apenas tiende a empeorar la situación del gobierno Bukele, quien perdería a su padrino fascista en Washington. El primer test será con el presupuesto 2021, las cuentas de país están precarias, el país necesitará no menos de 1000 millones para completar el presupuesto de nación, de dónde saldrá ese dinero? Estará el mercado dispuesto a financiarlo más una vez con un país cuya deuda está aproximándose de los 100% del PIB? Caso afirmativo, a qué costo?

Y para concluir, qué dirían las encuestas de opinión en este momento si las elecciones fueran hoy? Al gobierno Bukele le está lloviendo por todas partes, los escándalos de corrupción son diarios y todo esto, como ya fue dicho antes, le está dañando su imagen. Lo mínimo que se puede esperar es más deserción en las filas de Nuevas Ideas, y aunque el gobierno viene intensificando su propaganda política y el papel de sus troles en la media social, las grietas en la imagen del presidente comienzan a aparecer y a cada día que pasa son más profundas, lo que obviamente favorece al FMLN y los otros partidos de oposición. En política no hay nada escrito y el escenario actual era inimaginable en marzo de 2020 cuando comenzó la pandemia. Veremos que pasa hasta diciembre de 2020 cuando los caballos estén posicionados para la próxima disputa electoral. 





Monday, 20 July 2020

LA NECESIDAD DE UN NUEVO PARTIDO DE IZQUIERDA




La ascención de Nayib Bukele al poder marcó la ruptura del bipartidismo FMLN-ARENA que había dictado el ritmo de la política salvadoreña por más de 25 años, pero no sólo eso, marcó también el fin de la hegemonía de dos organizaciones que habían surgido en el seno de la sangrienta guerra civil que azotó el país durante 12 años. Ambas organizaciones surgen como respuesta al fin de la hegemonía del PCN y seguidamente del PDC en la política nacional. ARENA asume por tanto el brazo político de la oligarquía y el FMLN asume no sólo el brazo armado como también la nueva cara de lo que vendría a ser, 12 años más tarde, el nuevo partido de izquierda que habría depuesto las armas con el fin del conflicto armado.

Fueron necesarias cuatro administraciones presidenciales para que la confianza del pueblo salvadoreño en ARENA se agotara y le diera la oportunidad al FMLN para mostrar cuál era su tan alardeado proyecto de izquierda para el país. Pero en "apenas" 10 años el proyecto del FMLN, o su ausencia, se agotó y así también la confianza del pueblo en las promesas incumplidas del partido de izquierda. Así el pueblo pasa a pedir caras nuevas lo que le abrió las puertas al joven candidato que había ejercido como alcalde de dos municipios a saber, Nuevo Cuscatlán y la ciudad capital.

A poco más de un año de administración bukeliana y aún gozando de un fuerte apoyo popular, el presidente ha dado señales inequívocas de su vocación autoritaria y dictatorial. Su estilo de gobierno es basado en la generación de conflictos con quien se interponga en su camino, con todos aquellos que cuestionen ya sea su autoridad o sus proyectos. Bukele parece creer que la presidencia le da poderes absolutos y está dispuesto a gobernar el país a rebelía de los otros dos poderes, de las entidades contraloras e incluso de la crítica u observaciones de las organizaciones defensoras de los derechos humanos y de la comunidad internacional.

El momento es crítico para el país, si con apenas la silla en el Ejecutivo Nayib Bukele ya actua como si tuviera el control absoluto de los tres poderes, cabe preguntarse qué hará si alcanza la mayoría simple, o peor aún la calificada en la Asamblea Legislativa en las elecciones en el año 2021. Su vocación autoritaria, el total irrespeto a las reglas del Estado de Derecho y a la  independencia de los tres poderes y a los derechos humanos apuntan para un futuro bastante oscuro para nuestro sufrido país. La manera descarada e inescrupulosa como desde casa presidencial y de sus medios de divulgación y edición de "fake news" se forjan mentiras de todo tipo contra los opositores o críticos, sean estos partidos políticos, medios de comunicación, países, organizaciones multilaterales es algo que ha alcanzado en ese gobierno niveles  alarmantes y preocupantes, un verdadero atentado contra la democracia. 

Ante la ausencia de un proyecto alternativo para el país - porque Nayib Bukele lejos de constituir un proyecto alternativo constituye la exacerbación del modelo neoliberal que ha estado en vigor por los últimos 30 años - es necesario y urgente repensar el país desde la izquierda, presentarle al país un proyecto de nación basado no en las ambiciones de las clases dominantes, de las multinacionales y del gobierno estadounidense, sino que en las necesidades más básicas del pueblo.

Es necesario que las personas que hacemos una lectura de la historia desde la izquierda, cuyo centro es el ser humano y sus derechos fundamentales y no el capital, nos unamos para crear un proyecto alternativo de país. Este proyecto antes de ser un destino tiene que ser un camino, un camino que se irá forjando al ritmo de la marcha y cuyo destino será igualmente pautado por la manera como las fuerzas sociales, políticas, económicas y culturales vayan interectuando entre si. Pero para ello es necesario dar un punta pié inicial, que nos unamos en torno de un nuevo proyecto político de izquierda para El Salvador.

Antes de buscar las diferencias que nos separan como izquierda debemos buscar que es aquello que nos une, a saber: la autonomia alimentar y energética; un sistema de salud y educación universales; el respeto al ser humano en cuanto tal  independientemente del color de su piel, posición económica, religión u orientación sexual; el respeto al medio ambiente; la economía solidaria, el trabajo y la vivienda digna para todos; el transporte público seguro y de calidad; el respeto y fortalecimiento de los derechos laborales; los tratados internacionales que tengan en su base el respeto a la dignidad de la vida de cada salvadoreño; el respeto y la protección de las personas más vulnerables de nuestra sociedad: los niños, ancianos, personas con discapacidades, las minorías sean estas religiosas o de género; el combate al machismo y la misoginia; la vida humana y la dignidad de todos los salvadoreños como centro del quehacer político, social y económico, antes que la hegemonía del mercado y los intereses de las minorías privilegiadas; una política fiscal justa y progresiva; el combate innegociable a la corrupción, el nepotismo, la impunidad y la improbidad administrativa entre otras banderas que como izquierda debemos enarbolar.

El proyecto que un día el FMLN le ofreció al país se agotó y su agotamiento no fue sino la  administración complaciente de la crisis heredada de los gobiernos areneros sin perseguir incansablemente su superación y transformación. Esa situación de descrédito del FMLN evidencia la necesidad de un nuevo sujeto histórico que pueda representar los intereses del pueblo salvadoreño, de los trabajadores, de la base de la sociedad. El momento no podría ser más oportuno, la profundización de la crisis social y económica generada con la llegada del corona virus a El Salvador y la manera como el gobierno Bukele  está administrando esa crisis y los pocos recursos disponibles; la manera fraudulenta y corrupta como ARENA y el FMLN administraron al país, le imponen a la izquierda salvadoreña la emergencia de la formación de una nueva organización político partidaria a partir de la cuál ese proyecto de izquierda alternativa le pueda ser presentado al país.

Quién se apunta a este esfuerzo?